María Cicuéndez
El descarado “ligón de playa”, personaje interpretado por actores como Fernando Esteso y Andrés Pajares en la España del destape, ha reaparecido en escena, no en una discoteca de Benidorm como nos tenía acostumbrados, sino como participante de actividades de crecimiento espiritual, donde la facilidad para dar y recibir abrazos y para hablar del amor sin fronteras, dá alas a su “buitre interior”…
¡Por no hablar de “las matajaris del Flower Power”!, o las “bragaenmano” como las denomina cariñosamente un acosado amigo mío… Aquellas que susurrando palabras de amor universal te clavan los colmillos para dejarte sin energía vital. Es decir, que entienden el mensaje de entrega alrevés, redirigiéndolo directamente a su propio abastecimiento energético, dejando a uno suspirando… y no especialmente por su amor… ¡Si no porque te han dejado bajo mínimos!...
Como dicen los gallegos, que parecen saberlo todo bajo ese aire dubitativo, “buitres y matajaris haberlos, haylos”, con esta afirmación, no estoy descubriendo América, lo que no parecía tan evidente es que hubieran encontrado un maravillo nicho de mercado y de actuación en el mundo de los talleres de crecimiento personal, que andan tan en boga en estos tiempos de búsqueda de identidad en un mundo cambiante e incierto para todos.
Tal es la demanda de talleres que enseñen “el arte de vivir”, que varias comunidades autónomas españolas, patrocinan fundaciones que ofrecen cursos de espiritualidad, así como centros de reconocida labor social, donde profesores con una importante trayectoria personal y profesional imparten disciplinas de gran valía humana entre las que cabe destacar meditación y sanación, músicoterapia, bioenergética, inteligencia emocional, constelaciones familiares, terapia regresiva, respiración holotrópica, yoga, Tai-chi, feng-shui, esencias florales, reiki, reflexología podal entre muchas otras.
Es evidente que entre tanta oferta de las 1.001 posibilidades de mejorar como persona, nuestros intrusos del mundo espiritual, buitres y matajaris disfrazados de santones, encuentren más de un taller atractivo donde dirigir sus cuerpos serranos, sin tener que preocuparse tanto por hacer dieta e ir a matarse el cuerpo en el gimnasio, porque si de lo que se trata es de la auto-aceptación repitiendo el mantra, u oración repetitiva hindú: “Me amo y acepto tal y como soy”, ¡Alquien acabará dándeles un achuchón!... ¡Y es que hasta el mago merlín confiesa en la película Shrek III que ha dejado de hacer conjuros para dar abrazos!…
Lamentablemente, cursos con un objetivo serio y profundo acaban, en muchas ocasiones, siendo manipulados por nuestros especialistas en picaresca moderna, que encuentran la respuesta a sus plegarias en cursos como tantra yoga, biodanza, expresión corporal, yoga en parejas, todo tipo de enseñanza de masajes inimaginables… desde baños de oro, vino y hasta chocolate para estimular los sentidos de los más osados.
Según practicantes verdaderos del tantra yoga, éste es un maravilloso camino de crecimiento interior y espiritual, que a diferencia de otros, incluye el cuerpo y la sexualidad, utilizando la energía kundalini como algo sagrado para su desarrollo humano. Estudios realizados han demostrado que el Tantra Yoga es una vía para superar traumas sexuales sanando a las personas que lo practican. Una realidad que no respetan los que se apuntan a cursos evitando a toda costa hacer ejercicios con los más feos y feas de la clase…
Nuestros desenmascarados amiguitos que no estén para ponerse el pie en el hombro para impresionar tántricamente hablando, optan a actividades de crecimiento espiritual más pasivas, ya que muchos de ellos ya están entrados en años, aunque aquí no hay límites de edad ni de descaro. Las fundaciones y centros de desarrollo humano ofrecen variantes como cineforums para debatir películas profundas, aquí hay que aplicar la verborrea para ligotear, o círculos de sonido, de diferentes instrumentos musicales, donde hay que saber tocar algún instrumento o cantar. ¡Tampoco es que haya que hacerlo como Pitingo, y tocar las campanitas lo hace hasta el que tenga una oreja en frente de la otra!. ¡No parece tan difícil!
Desde aquí una llamada de atención a toda esa gente estupenda que lucha cada día por ser mejor persona, que trata de encontrar diferentes prácticas para vivir una vida más consciente. ¡Atenzione a esos compañeros y compañeras de clase de buitres de Lozoya que quitan más que aportan con menor o mayor gracia. ¡Invitadles a ver la película “Los Bingueros” y a quedarse tan ricamente en su casa!… ¡Para que la gente que sinceramente busque su yo interior pueda además optar a encontrar el regalo del otro lado de su alma, sin cardos que obstaculicen el camino, que bastante lo está ya por si sólo!
¡Por no hablar de “las matajaris del Flower Power”!, o las “bragaenmano” como las denomina cariñosamente un acosado amigo mío… Aquellas que susurrando palabras de amor universal te clavan los colmillos para dejarte sin energía vital. Es decir, que entienden el mensaje de entrega alrevés, redirigiéndolo directamente a su propio abastecimiento energético, dejando a uno suspirando… y no especialmente por su amor… ¡Si no porque te han dejado bajo mínimos!...
Como dicen los gallegos, que parecen saberlo todo bajo ese aire dubitativo, “buitres y matajaris haberlos, haylos”, con esta afirmación, no estoy descubriendo América, lo que no parecía tan evidente es que hubieran encontrado un maravillo nicho de mercado y de actuación en el mundo de los talleres de crecimiento personal, que andan tan en boga en estos tiempos de búsqueda de identidad en un mundo cambiante e incierto para todos.
Tal es la demanda de talleres que enseñen “el arte de vivir”, que varias comunidades autónomas españolas, patrocinan fundaciones que ofrecen cursos de espiritualidad, así como centros de reconocida labor social, donde profesores con una importante trayectoria personal y profesional imparten disciplinas de gran valía humana entre las que cabe destacar meditación y sanación, músicoterapia, bioenergética, inteligencia emocional, constelaciones familiares, terapia regresiva, respiración holotrópica, yoga, Tai-chi, feng-shui, esencias florales, reiki, reflexología podal entre muchas otras.
Es evidente que entre tanta oferta de las 1.001 posibilidades de mejorar como persona, nuestros intrusos del mundo espiritual, buitres y matajaris disfrazados de santones, encuentren más de un taller atractivo donde dirigir sus cuerpos serranos, sin tener que preocuparse tanto por hacer dieta e ir a matarse el cuerpo en el gimnasio, porque si de lo que se trata es de la auto-aceptación repitiendo el mantra, u oración repetitiva hindú: “Me amo y acepto tal y como soy”, ¡Alquien acabará dándeles un achuchón!... ¡Y es que hasta el mago merlín confiesa en la película Shrek III que ha dejado de hacer conjuros para dar abrazos!…
Lamentablemente, cursos con un objetivo serio y profundo acaban, en muchas ocasiones, siendo manipulados por nuestros especialistas en picaresca moderna, que encuentran la respuesta a sus plegarias en cursos como tantra yoga, biodanza, expresión corporal, yoga en parejas, todo tipo de enseñanza de masajes inimaginables… desde baños de oro, vino y hasta chocolate para estimular los sentidos de los más osados.
Según practicantes verdaderos del tantra yoga, éste es un maravilloso camino de crecimiento interior y espiritual, que a diferencia de otros, incluye el cuerpo y la sexualidad, utilizando la energía kundalini como algo sagrado para su desarrollo humano. Estudios realizados han demostrado que el Tantra Yoga es una vía para superar traumas sexuales sanando a las personas que lo practican. Una realidad que no respetan los que se apuntan a cursos evitando a toda costa hacer ejercicios con los más feos y feas de la clase…
Nuestros desenmascarados amiguitos que no estén para ponerse el pie en el hombro para impresionar tántricamente hablando, optan a actividades de crecimiento espiritual más pasivas, ya que muchos de ellos ya están entrados en años, aunque aquí no hay límites de edad ni de descaro. Las fundaciones y centros de desarrollo humano ofrecen variantes como cineforums para debatir películas profundas, aquí hay que aplicar la verborrea para ligotear, o círculos de sonido, de diferentes instrumentos musicales, donde hay que saber tocar algún instrumento o cantar. ¡Tampoco es que haya que hacerlo como Pitingo, y tocar las campanitas lo hace hasta el que tenga una oreja en frente de la otra!. ¡No parece tan difícil!
Desde aquí una llamada de atención a toda esa gente estupenda que lucha cada día por ser mejor persona, que trata de encontrar diferentes prácticas para vivir una vida más consciente. ¡Atenzione a esos compañeros y compañeras de clase de buitres de Lozoya que quitan más que aportan con menor o mayor gracia. ¡Invitadles a ver la película “Los Bingueros” y a quedarse tan ricamente en su casa!… ¡Para que la gente que sinceramente busque su yo interior pueda además optar a encontrar el regalo del otro lado de su alma, sin cardos que obstaculicen el camino, que bastante lo está ya por si sólo!
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada